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Gallos en la 58 SNB: una guerrilla de bronce

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Los Gallos regresan al podio de la pelota cubana donde subieron por última vez hace 12 años. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Contra todo pronóstico los Gallos regresaron al podio de la pelota cubana después de doce años. Además es su tercer mejor resultado en la historia de las Series Nacionales de Béisbol

Primero que todo los Gallos protagonizaron tremenda actuación en la actual Serie Nacional de Béisbol con una muy honrosa medalla de bronce, cuyo valor debemos aprender a aquilatar, al margen del pálido cierre en el play off.

Y lo digo sin ningún hálito de conformismo, ni falso pavoneo. Apenas trato de sopesar el color de una medalla que se logró contra todo pronóstico en una campaña muy reñida en sus dos fases. Con una guerrilla, Sancti Spíritus acaba de igualar el tercer mejor resultado en la historia de las 58 campañas en las que ha logrado solo cuatro medallas: el título de 1979 bajo la égida de Cándido Andrade, y una plata y dos bronces de la mano de Lourdes Gourriel.

Así regresamos al podio de la pelota cubana donde subimos por última vez hace 12 años, en la campaña 44 cuando teníamos un “trabuco”, si se compara con la nómina actual cuajada de jóvenes figuras. Valdría ubicarnos en el inicio de esta lid cuando los Gallos comenzaron sin dos bateadores que eran su columna vertebral: Frederich Cepeda y Eriel Sánchez, y un cuerpo de lanzadores que, fuera de Angel Peña y Noelvis Hernández, es un staff veinteañero.

Así fueron capaces de resistir la tensión de una primera fase reñidísima, desbancar a Santiago de Cuba en el comodín y quedar entre los seis. Y si este pueblo, les dispensó, con justicia, un recibimiento apoteósico por un sexto lugar impensado, debe festejar, con la misma justicia, esta medalla de bronce.  Digo más, incluirse en el cuarteto finalista es ya una gran actuación.

¿Que el cierre pudo ser mejor? Sí. Emociones a un lado, la tajante realidad dice que, en papeles, en el terreno, en juego y en historia, es Villa Clara un equipo superior y por ello le concedí el favor en los pronósticos.  Solo que, como pensó la mayoría, la derrota pudo ser diferente, al menos con otro sabor y no solo por el 4-1 que pocos vaticinaron, sino por los marcadores de cada partido y una despedida aún peor con un nocaut aplastante tras un encuentro vibrante.

Mas al parecer los Gallos llegaron sin la fuerza, el empuje y la vibra que se necesita para una exigencia de este tipo, algo que venían anunciando cuando perdieron siete subseries al hilo en los finales y cedieron en todas las áreas de juego.

¿Cansancio? ¿Presión? José Raúl responderá después. Pero algo de ello le pasó factura a un equipo que lució pálido y desencajado al final. No se puede aspirar a ganar sin batear. La improductividad resultó manifiesta al punto que la diferencia en hits con los naranjas no fue tanta (36×44), pero mientras a los nuestros solo les dio para siete carreras en cinco partidos, ellos produjeron 30 anotaciones. Un detalle influyó sobremanera: en 16 entradas los hits espirituanos llegaban después de dos outs, lo cual limitó las posibilidades de anotación en un equipo que pidió impulsadores a gritos. Todo lo contrario a Villa Clara que en 18 innings embasó a su primer hombre y logró tocar el home en doce ocasiones, al menos para anotar una.

Fue un slumg colectivo, mucho peor al padecerlo los primeros de la alineación. Luego de liderar los hits en la campaña, Orlando Acebey solo conectó uno en 14 turnos, la peor de sus postemporadas. Excepto el oportuno jonrón que ayudó a la única victoria de los espirituanos, Yordan Manduley, de 17-3, tampoco cumplió las expectativas, mientras los turnos tercero, cuarto y quinto: Yunier Mendoza, de 20-5, Frederich Cepeda, de 16-3 y Dayán García, de 10-3, antes de lesionarse, no impulsaron ninguna carrera. Es muy difícil entonces aspirar a que el resto, con menor carretera competitiva, responda.

 En favor de José Raúl hay que decir que aun contra el tiempo, buscó variantes como cambiar la alineación, encargar emergentes y hasta fue valiente al aplicar bancoterapia a “sembrados” como Acebey y Manduley, una opción que pudo aplicar a otros también.

 Justo es decir que el equipo lució mejor cuando echó mano a sus hombres de “segunda” en el cuarto partido en el que Geysel Cepeda enseñó madera al igual que en la serie.

Sin embargo, nada evitó el letargo, porque desde el box tampoco respondieron, con la excepción de Pedro Álvarez. Es muy difícil aspirar a triunfos cuando falla el pitcheo abridor, empeorado porque su líder del staff Yuen Socarrás, no pudo salir en el tercer partido por indisposición, según relató el manager. El pitcheo fue castigado, sobre todo por Yurien Viscaíno que bateó de 16-8, con siete empujadas.

Entramos así al cubículo de los refuerzos. Aunque para muchos José Raúl Delgado dejó pasar mejores opciones en su primera vez y pudo escoger un bateador más fogueado que Sergio Barthelemí cuando no pudo contar con Guillermo Avilés, lo cierto es que no fueron eficientes del todo, ni siquiera porque al final se inclinó por el mejor lanzador de la temporada y el mejor siol del país.

Fran Luis Medina estuvo lejos de ser quien se esperaba tras su 2.76 pcl de la etapa regular, y de Manduley ya hablamos. Oscar Valdés, aunque bateó bien (15-7), resultó ineficaz detrás de home, quizás porque su posición amerite más tiempo para el acople.

Desde la segunda fase Yariel Rodríguez, fue intermitente, sobre todo por su descontrol, y Alberto Bicet al parecer la campaña le pasó factura y no pudo aportar. Excluyo a los artemiseños Dayán García, líder impulsador del conjunto desde su llegada y útil en segunda y a José Ángel García, eficiente en los cierres con siete salvados y tres victorias.

Mi opinión es que al margen de la superioridad de Villa Clara, faltó actitud en los finales. Para aspirar a más hubiese hecho falta clonar a Pedro Álvarez, quien merece un monumento por su lección de coraje y de cómo se juega con el corazón cuando la tensión aprieta, tanto por su victoria como por la manera de conseguirla.

Para después quedarán otras miradas. Recalco que en el imaginario colectivo lo más importante es preservar esa medalla de bronce bien ganada por lo que se hizo durante una extensa campaña de noventa partidos y el juego de un equipo que hizo soñar de nuevo a Sancti Spíritus y le inoculó la pelota en las venas.

 Tampoco Ciego de Ávila pudo rebasar el quinto juego y aunque luchó más en cada encuentro, no logró ni acercarse al vaticinio que auguraba un desenlace diferente. Cuba seguirá conectada al béisbol con la finalísima que se inicia este sábado entre Villa Clara y Las Tunas, los dos equipos que, definitivamente, lo hicieron mejor.


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[source: http://www.escambray.cu/2019/gallos-58-snb-bronce-con-sabor-a-oro/]

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