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El pelotero cubano Curro Pérez y un tiempo para recordar

Por José A. Rodríguez

Gaspar “El Curro” Pérez  Foto: youtube.com

HAVANA TIMES – Un momento en la vida puede bastar para colocar a una persona en la historia, esa que pasará de generación en generación por cualquier vía, y mantendrá el recuerdo de la hazaña en cuestión.

Ese es el caso de Gaspar “El Curro” Pérez, que no fue un protagonista excepcional de la pelota cubana por sus números, pero sí marcó una época tras una actuación memorable en el Campeonato Mundial celebrado en la República Dominicana, en 1969.

Los que no tienen referencia del evento deben conocer que fue la primera ocasión en que Cuba se llevó el título, después del triunfo de la Revolución, y el gran protagonista fue “El Curro”. La relevancia del momento creció por ser la primera vez, y porque ya se hacía esperar esta corona por varios años, y se ponía en duda la calidad de las Series Nacionales que sustituyeron a los torneos profesionales.

Pues bien, el principal artífice de ese logro es la persona que tengo ahora delante, que pese a sus 75 años se mantiene físicamente muy bien, lleno de canas, pero entero todavía. Hoy, el matancero del barrio de Pueblo Nuevo nos cuenta su historia.

“Empecé en mi barrio, jugando al cuatro esquinas con los amigos con pelotas rústicas, hasta que algunos entrenadores vieron mis condiciones y me escogieron para participar en los juegos infantiles de verano.

“Tomaba parte también en un equipo que tenía mi familia, y en el año 64 debuté en Series Nacionales. Gilberto Torres era el mánager, y Julio Rojo y yo éramos los abridores principales. Imagínate que yo comencé mi historial con un triunfo 1×0 contra Orientales, eso fue muy grande para mí como novato.”

Gaspar “El Curro” Pérez

“Me seleccionaron para el equipo Cuba, y a donde primero fui fue a Indonesia, para una gira en la que celebramos partidos amistosos. Luego estuve en los Centroamericanos de San Juan 1966, donde perdí el primer juego 0x1 y gané la final como relevo de Rigoberto Betancourt.

“Trabajé desde el segundo hasta el noveno inning, y terminé con una ampolla en el dedo que me salió desde la cuarta entrada en el dedo del medio, pero lo más importante fue que ganamos 6×2. En alta mar, cuando ya veníamos de regreso, Fidel (Castro) nos recibió cerca de la Base naval de Guantánamo y me mandó a buscar. El me pidió que le enseñara el dedo y cuando lo vio me preguntó cómo podía apretar la bola con esa mano así.”

Me imagino que esos Centroamericanos son inolvidables para usted…

“No se me olvidan los entrenamientos en la cubierta del Cerro Pelado. Teníamos que hacer todos los ejercicios junto con el resto de los deportistas de la delegación, y algunos en las bodegas del barco. Era engorroso, pero era lo que había. Constantemente nos sobrevolaban aviones que lanzaban mensajes donde nos decían que todo era por gusto, que no dejarían entrar al barco a San Juan, pero todo el mundo tenía en mente llegar y competir.

“En definitiva tuvimos que abordar unos remolcadores para llegar al puerto, donde nos estaba esperando el grupo Pro Independencia de Puerto Rico, que nos dio mucho aliento. Nos hicieron tremenda revisión en aduana y luego por las calles en algunas nos recibían bien, pero en otras habían preparado a personas para que nos abuchearan.”

El otro gran momento brillante de su carrera fue el Mundial de 1969…

“A mí el año antes me habían dejado fuera de la selección nacional que fue a México. Yo estaba bien, pero no me escogieron, y en 1969 desde que llegué le advertí a todo el mundo que nadie me podría sacar del equipo, y así fue. Como yo era lo mismo abridor que relevista, estaba dispuesto a todo, no solo en el Mundial, sino desde antes, en los entrenamientos, cuando iba Fidel al Latino por las noches.

“En Dominicana para mí fue como jugar en el Palmar de Junco (estadio matancero, cuna del béisbol cubano), nos recibieron con un amor tremendo y hasta nos acompañaban a las tiendas a hacer compras. La final era como si fueran ellos contra Estados Unidos.

“Ese juego fue tremendo. Antes había lanzado en otros cuatro, de los 10 celebrados por Cuba, con tres victorias. Abrió Roberto Valdés y luego salió Changa Mederos, pero lo sustituyen en el quinto por un bateador designado (Andrés Telemaco). Inmediatamente me mandan a calentar y comencé mi labor en el box. En el octavo me toca batear, con hombre en segunda, y luego de dar varios fouls conecté línea por encima del torpedero a Larry Osborne, que era tremendo pitcher, y anotamos así la carrera del empate. Luego Rigoberto Rosique dio hit y yo anoté la de la ventaja. Después de eso estaba decidido a no dejar escapar la victoria y terminé el noveno con dos ponches.”

Curro Pérez, 2ndo de la izq. y Fidel Castro, al regresar del mundial de 1969.

“Hicimos un viaje de regreso terrible, al punto de que mandaron a aterrizar en Varadero, pero el piloto insistió en que llegaba hasta La Habana. La verdad es que fue la única vez que vomité en mi vida encima de un avión, y muchos peloteros tenían fatiga y mareos. Pero todo se olvidó con el gran recibimiento que tuvimos.

“Fidel me felicitó por el trabajo realizado y me contó que lo tenía desesperado en aquel turno al bate con tantos fouls. Me dijo que no se sentó hasta que yo bateé, porque sintió que ya con eso ganábamos. Al año siguiente tuve una baja, tenía cuatro ganados y cuatro perdidos, y el presidente del Índer (José Llanusa) me dice que Fidel estaba preocupado por mi rendimiento. De ahí en adelante no perdí más, y los Henequeneros ganamos el campeonato.”

¿Es muy difícil ser lanzador?

“El pitcher tiene que darse a respetar, si el bateador se para muy cerca del plato, hay que tirarle pegado para que se aleje. A mí me acusaban a veces de tirar muchos pelotazos, pero es que hay que lanzar así porque si no le das mucha ventaja a los bateadores.

“Recuerdo un juego contra (Pedro) Chávez. Le pegué la pelota en el primer turno y me miró mal, luego en el segundo se la volví a pegar, y me dijo algo, a la tercera le lancé normal y me dio doblete. Entonces le dije: ¿viste como no se te puede despegar la bola? Con él tuve muy buena amistad. En general, se puede tener amistad con todo el mundo, pero cada cual tiene su trabajo, y aunque al bateador no le guste, tienes que arrimarle la bola.

“El pitcheo de hoy no se parece en nada al de mi tiempo. Muy pocos lanzadores saben lo que tienen que hacer en la tabla de lanzar, porque no es solo tirar duro o dominar varios lanzamientos, sino saber dónde poner la pelota en cada caso. Cuando te enfrentas por tercera vez a un hombre ya debes saber cómo batea y qué le hace daño. El pitcheo es de pensamiento, tienes que saber cómo hacerlo en diferentes situaciones de juego.

“En eso afecta también la indisciplina, incluso a veces permitida por algunos directivos, tanto en el equipo como desde las gradas. Hay cosas que no deben permitirse, y en eso debe ayudar hasta la prensa, porque a veces algunos peloteros se sobredimensionan, y entonces no rinden como debieran.

“El pelotero es mejor cuando está concentrado en su trabajo, y no en lo que dicen de él. También hay que trabajar por la unidad de los entrenadores, porque se ve a menudo que cuando ponen a un director, este trae a su gente, y los que trabajaron bien en el período anterior quedan fuera. En mis tiempos había mucha unión entre todos los dirigentes.”


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[source: https://havanatimes.org/sp/?p=138569]

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