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De los Indios de Cleveland a Batey Colorado

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Estoy más que ansioso porque los Gallos me den la oportunidad de estar en el equipo, señala el joven lanzador. (Foto: Luis Francisco Jacomino)

El joven pelotero Roberto Hernández Navarro dejó a un lado un contrato inicial de miles de dólares en la MLB para volver junto a los suyos en tierras de Yaguajay

Con 15 años de edad y un montón de sueños a cuestas, Roberto Hernández Navarro salió de Cuba con su brazo de lanzar enfocado hacia las Grandes Ligas de Estados Unidos. Tras lograr un contrato de 320 000 dólares con un equipo de la gran carpa volteó su viaje.

Cerró las puertas del llamado paraíso beisbolero y abrió otra vez las de su casa en Batey Colorado, un anónimo caserío de Yaguajay. ¿Qué motivó a un niño de 17 años a un cambio tan radical? “Decido salir del país con mi papá, todo fue legal, en busca de sacar a mi familia adelante y en busca del béisbol profesional”, lanza el primer rectazo.

 Aún quinceañero, integró el Cuba y le ganó a Estados Unidos en el Panamericano Juvenil. Luego hizo lo que otros peloteros cubanos: ir para República Dominicana, uno de los emporios de las Ligas Mayores.

 “Estuve como un año y tres meses en un área en la provincia de Bonao, ahí me vieron los scouts, me daban seguimiento, me hicieron varias pruebas de velocidad, me tomaron videos, y me hicieron entrevistas, vieron mis condiciones y resultados y me firmaron con los Indios de Cleveland. Tenía varias ofertas, pero como ellos hay pocos, no solo se basan en el desarrollo del pelotero, sino en el bienestar general. El contrato fue de 320 000 dólares y las perspectivas eran desarrollarme para llevarme a las Grandes Ligas en el menor tiempo posible”.

No es el caso de varios peloteros cubanos, más de 30, que han regresado por no lograr un contrato o no vivir el sueño que imaginaron. En Dominicana jugó la última temporada con seis salidas como abridor, dos triunfos y dos reveses, 2.15 de PCL y 49 ponches en 45 innings y participó en el Juego de las Estrellas.

 “Se oyen muchos casos de peloteros con problemas, conmigo no fue así, después que firmé estuve de lleno en la organización, en la Academia Chiqui Mejía, que se encargaba de la alimentación y todo para mantenerme saludable. En Cuba tiraba 90 millas, allá llegué a 93-94 y sostenida de 90-92. Inicialmente no tiraba duro, mi plato fuerte era el control, era flaquito, chiquito. Al segundo año de estar en la EIDE me lesioné en el codo, perdí un curso y entonces me fortalecí”.

Quedarse en República Dominicana y apostar por millones en Estados Unidos o regresar a Cuba diciendo adiós a todo: ese fue el dilema que le desveló por unos dos años.

“No es secreto que el béisbol norteamericano es el mejor pagado del mundo y que con mis condiciones podía tener un buen contrato, pero para mí lo más importante es mi familia, estar en mi casa, por eso decidí regresar a mi país y no alejarme más de él”.

 ¿Contaste bien los miles que te dieron y los millones posibles?

 “Pensé que podía tener toda la fama del mundo, dinero, carros, joyas…, pero no iba a tener el apoyo de mi familia tan cerca como cuando pitcheaba aquí; tengo un niño de dos meses, eso me llevó a decidirme, no quiero que pase su infancia lejos de su padre”.

Pero con tanto dinero podías llevártelos después…

“Hubo esa mentalidad, pero mi abuelita nunca quiso abandonar la casa donde creció, por ella creo que también regresé y le agradezco porque luego de casi dos años me abrió los ojos y me hizo entender que mi futuro no estaba allá. “Tuve la oportunidad de sentarme con los altos jefes del equipo, entendieron mi situación. Me quedé con todo el dinero, pensé que me iban a perjudicar, pero me dieron la oportunidad de estar libre, me dijeron que me cuidara el brazo y que jugara con el béisbol cubano que tenía mucho futuro, entonces rompí el contrato y ya”.

No pensaste que se te iban de las manos millones de pesos y se te cerraban para siempre las puertas de las Grandes Ligas?

 “Eso le pasa por la cabeza a todo el mundo, pero nunca he tenido nada, me crié en el seno de una familia humilde y aunque tenga que seguir así lo principal es que voy a estar con ella en las buenas y en las malas.

 “Sé que con esa decisión se me iban a cerrar las puertas del béisbol americano. Allá muchas veces con mi papá nos trancábamos a llorar en un cuarto, pensaba en lo difícil de dejar la familia, los amigos, los viajes a la playa. Como la libertad de este país no la hay en ningún lado. Es que uno se aburre de aquellas cosas; los primeros meses todo está bien, tenía muchas condiciones que no tengo aquí, pero cuando chocas de lleno con aquella realidad es muy fuerte. Eso de no ir al río o jugar dominó… no tenía la libertad de poder salir por ahí, son cosas que uno dice: ¡coño!, no hay con qué compararlas porque hay más desarrollo, pero en lo personal no soy así.

 “No es fácil llegar a una habitación en la noche y no tener con quién hablar. Cuando me dijeron que iba al Juego de las Estrellas, no tuve con quien disfrutar esa noticia; a veces uno quiere darle un beso y un abrazo a esa persona que quieres para poder celebrar juntos y tuve que conformarme con enviar un correo… Eso de ver a mi gente por Facebook y no poder abrazarlos es algo que no le deseo a nadie”.

 ¿Sabes que muchos dicen que estás loco?

“Las personas que piensan de esa forma es porque son así, pero no puedo meterme en sus cabezas y abrirles el pensamiento; yo tenía ese pensamiento cuando decidí salir de aquí”.

¿Qué sucedió cuando regresaste a Cuba?

“Fue como soltar un peso…, me sentí libre de nuevo, regresé a mi casa, me quité los zapatos y salí descalzo a saludar a todo el mundo hasta con los ojos aguados. Conocer a mi bebé fue una sensación única. Vi un partido de los Gallos vs. Ciego de Ávila, en Trinidad y al estar con los muchachos, saludarlos… fue algo que hacía tiempo no vivía y me recordó quién soy en verdad, que le debo al equipo, que quiero regresar con ellos, esforzarme para tratar de ayudarlos y sentirme en familia como siempre fue.

 “Pensaba: ¿Cómo me recibirán?, pero desde que llegué fue: ‘¡Coño Robe!, estamos contentos porque regreses e integres el equipo”. Incluso al ver a Nelson Ventura, el comisionado provincial, me dio un poco de pena saludarlo, pero me dijo: ‘Robe, no tienes que tener pena, siempre has sido un buen muchacho, no te cohíbas’, eso me subió los ánimos para entrenar más fuerte y asumir cualquier cosa en la que me necesiten”.

 ¿Hablaste con las autoridades? Tendrás que empezar de cero.

“Pude sentarme con el comisionado, el director del Inder, empezaré en la Academia, aunque comencé en el “Luis Torres” de Yaguajay. No tengo las condiciones que tenía allá, mas cuando salí de casa, tenía menos, a veces no tuve pelotas y tiré hasta con naranja agria como dicen los guajiros; siempre he luchado con lo que tengo. Estoy más que ansioso porque los Gallos me den la oportunidad”.

Lo miro otra vez alegre, altísimo, fuerte, tierno. Recuento los miles de dólares e imagino los millones; también, el estadio de los Indios de Cleveland y Batey Colorado. Intento entender; me vuelve el mismo montón de preguntas y encuentro las mismas respuestas.

 “Cuando me vi con todo eso en la mano, me dije: ¡Ñooo! Nunca tuve nada y tengo todo eso en tan solo un momentico como aquel que dice, pero me di cuenta de que eso no iba a solucionar nada, iba a seguir con los malestares por las noches, el mal dormir, no por una cama incómoda, sino por el hecho de estar lejos, sin tener a mi abuelita que me prepara leche todas las noches para dormir…”.


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[source: http://www.escambray.cu/2018/de-los-indios-de-cleveland-a-batey-colorado/]

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