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La medalla del Porvenir

Mientras habla, agita la mano derecha con el reloj plateado y en el cuello le baila una fina cadena dorada. Entre uno y otro metal estuvo casi siempre la carrera deportiva de Yipsy Moreno, la cubana que más lejos ha lanzado el martillo, empujándolo con unas palabras tan cubanas como impronunciables aquí.

—Empecemos por tu niñez.

—Tuve una infancia muy humilde, pero feliz, en el reparto Porvenir, de la ciudad de Camagüey. Era la más pequeña de cinco hermanas. En la escuela sí era muy intranquila, no había juego donde no estuviera, lo mismo de pelota, que de quiquimbol, que de lo que fuera. Mi mamá se pasaba la vida regañándome, porque me llevaba muy linda y regresaba que para qué decirte.

—¿Por ahí te vino la pasión por el deporte?

—Cuando terminé sexto grado, me captaron para la EIDE en atletismo. El profesor que hizo las pruebas me dijo que le había impresionado que se me hubiera caído un zapato y yo no parara para recogerlo, sino que seguí embalada hasta la meta. Él me contó que esa actitud le gustó más que mis resultados en el examen.

—¿Entraste a la EIDE soñando con ser corredora?

—Para mí el atletismo era correr nada más, hasta que me pusieron a tirar el disco y la bala. Aunque obtuve medallas en ambas especialidades en los juegos escolares, mis disparos no eran espectaculares, no había forma de que el disco me cogiera vuelo y pensé que hasta ahí iba a llegar mi carrera como deportista. Por suerte, llegó el martillo para salvarme.

—¿Cómo fue ese cambio?

—Yo entrenaba con los hombres del martillo, y los profesores me propusieron que cambiara cuando abrieron esa prueba para mujeres. Al principio me negué, pero me dijeron: si resulta, te quedas; si no, regresas para el disco. Y probé.

«Aprendí rapidísimo la técnica del martillo. Un entrenador de La Habana me fue a ver competir en el nacional juvenil —yo era escolar aún— y quién te dice que cometí tres fouls. Regresé llorando para Camagüey, mi mamá trataba de consolarme y yo le replicaba que había perdido la oportunidad de ingresar en la ESPA nacional.

«Cuando ya estaba resignada, llegó la carta de aceptación. Me habían escogido. Dicen que el profesor evaluó mi técnica, mi disposición, las habilidades y hasta la vergüenza deportiva con la que asumí aquella jornada aciaga. Así llegué en 1994 a La Habana y poco a poco fui mejorando hasta convertirme en la primera figura».

—Vayamos al año 2004. Eras la favorita para el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas y terminaste en plata. ¿Qué pasó?

Yipsy suspira hondo, se le apaga la sonrisa que por más de media hora había captado el lente de Maykel, el fotógrafo. Y comienza a rememorar.

—Había tenido una temporada espectacular y en 2003 había ganado el Mundial. Era la favorita para el título. Por primera vez me sentí tensa, estaba en todos los cálculos de la delegación, y para rematar me dicen: coincides con la pelota, el Comandante en Jefe va a tener dos televisores, uno para el juego de béisbol y otro para ti.

«Después de los dos primeros envíos estaba fuera de la clasificación y me dio por llorar. Sentía que había defraudado a millones de cubanos y a Fidel sobre todo. Entonces me concentré un poco y logré un disparo para asegurar. Pese al mal momento alcancé el segundo lugar.

«Mi compañera Yunaika Crawford obtuvo el bronce y estaba loca de contenta, y yo con la plata quería que me tragara la tierra. Me encerré en la habitación, no quería hablar con nadie.

«Cuando regresamos, Fidel nos saludó en el aeropuerto, y yo no me atrevía a mirarlo por vergüenza. Él habló de mí en el discurso de recibimiento, se refirió a mi sacrificio, a mi entrega, y eso fue una enseñanza, un estímulo.

«Parece que esa plata me marcó, porque fueron varias las medallas de ese color que gané después. En el Mundial de Helsinki 2005 terminé segunda, aunque después me tocó el oro cuando se descalificó por dopaje a la misma rusa que me había ganado en Atenas, Olga Kusenkova».—Demos otro brinco, Beijing 2008. Otra plata, que también cambió de color después…

—En Beijing ya era más experimentada, incluso, allí hice mi mejor tiro de la temporada, pero apareció aquel lanzamiento «galáctico» de la desconocida bielorrusa Aksana Miankova que esfumó mi sueño de ser campeona olímpica. No obstante, disfruté la plata y decidí hacer un alto para tener a mi hijo.

«Volví a buscar la corona en Londres 2012, pero no pude; además, allí estaba la polaca Anita Wlodarczyk. Contra esa nadie podía. Cuatro años después, ya fuera del campo, vino mi oro olímpico, pues Miankova había competido dopada en Beijing».

—¿Qué pensaste en ese momento?

—Eran días duros para mí, mi papá había fallecido; me hubiera gustado que disfrutara de esa medalla en vida. Me quedé con los deseos de haber escuchado el Himno Nacional de Cuba en la ceremonia de premiación.

—Yipsy, cuando tú lanzabas el martillo hacías un gesto muy fuerte y decías unas palabras que no deben escribirse en un periódico. ¿No te daba pena eso?

Suelta otra carcajada con unos dientes tan blancos como su alma.

—Cuando veía los videos de mis competencias me asombraba: «¿pero yo hago eso?». La «culpa» es de los japoneses. Hasta el mundial de Osaka las cámaras hacían tomas más alejadas, pero allí pusieron una tecnología que te captaba completa, cada gesto, cada movimiento. Al regreso la gente bromeaba conmigo: «ya sé lo que dices»; «mírala, tan seriecita que parece y la grosería que suelta en las competencias». Pero esa era mi mística, la expresión de cubanía, me parece que sin eso el martillo no caminaba.

—Siempre se habla de la rivalidad entre las atletas, pero se cuenta menos de la relación entre ustedes, ¿cómo eran fuera de las competencias?

—Nos llevábamos muy bien. Muchas nos veíamos 15 o 20 veces en una temporada y al año siguiente en el primer encuentro nos poníamos al tanto de nuestras vidas, por entonces no había tanto Facebook. En mi caso era un poco en inglés y otro en lenguaje por señas… y cuando se envalentonaban contándome cosas les decía «paren que ya no entiendo nada», y nos reíamos cantidad.

«Una vez el autobús iba a salir del hotel para el estadio y dos atletas no cabían, entonces las cargamos y así nos fuimos todas juntas. Después de cada evento se hacía una actividad y las muchachas del martillo podíamos estar en mesas diferentes que apenas empezaba la música nos buscábamos y salíamos a bailar, unas sabían, otras daban brincos, pero nos divertíamos juntas.

«Cuando la polaca Kamila Skolimowska falleció en 2009, nos circulamos un correo conmovidas por lo sucedido. Luego, cuando he vuelto a ir a ese país, he visitado a su familia, ellos me aprecian porque Kamila hablaba mucho de mí, y con Anita, su relevo, el fenómeno actual del martillo, también tengo excelentes relaciones».

—¿Te sorprendió la elección como miembro del Consejo de Estado?

—Si haber sido electa diputada por segunda vez, pues ya lo había sido en la sexta Legislatura, es un gran reconocimiento, qué decir de mi elección para el Consejo de Estado. En términos deportivos, es como un récord mundial, que me compromete a trabajar más por el deporte y por Cuba.

—Hablemos de tu hijo, ¿será deportista?

—Parece que no, ya ha pasado por varios deportes y le gustan solo como espectador. Pero soy feliz, porque Abdelito, a sus ocho años, disfruta estudiar y tiene vocación por las artes.

—¿Qué virtud admiras de las personas?

—La sinceridad.

—¿Y los defectos que más te molestan?

—La mentira, la traición, que juzguen a las personas sin conocerlas.

—Y en la casa, ¿qué prefieres hacer?

—Limpiar, disfruto echar agua y dejarlo todo reluciente; ni preguntes por la cocina, prefiero que me inviten, y suelta una carcajada tan sonora como aquellas palabras impronunciables ahora que empujaban su martillo.

Hitos en su carrera deportiva

Su récord personal: 76.62 metros en Croacia, 2008.

Juegos Olímpicos

Sídney (2000) 68.33 mts. 4to. Lugar

Atenas (2204) 76.36 mts. Plata

Beijing (2008) 75.20 Oro

Londres (2012) 74.60 mts. 6to. Lugar

Campeonatos Mundiales

Edmonton (2001)  70.65 mts. Oro

París (2003)  73.33 mts. Oro

Helsinki (2005) 73.08 mts. Oro

Osaka (2007)  74.74 mts. Plata

Daegu (2011)  74.48 mts. 4to. Lugar

Moscú (2013)  74.16 mts. 5to. Lugar

 

Juegos Panamericanos

Winnipeg (1999)  63.03 mts. Plata

Santo Domingo (2003) 74.25 mts. Oro

Río de Janeiro (2007)  75.20 mts. Oro

Guadalajara (2011)  75.62 mts. Oro 

 

Juegos Centroamericanos y del Caribe

Cartagena de Indias (20069   70.22 mts. Oro

Veracruz (2014)   71.35 mts. Oro

 

 


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[source: http://www.juventudrebelde.cu/deportes/2018-05-12/la-medalla-del-porvenir]

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